Nuevas Investigaciones

El objetivo de este sitio será entregar información respecto a los análisis químicos, geológicos, magnéticos y metalúrgicos de una roca metálica, de curiosas características, con una masa de más de seis toneladas, encontrada en Chile, y bautizada con el nombre Veas-01. Por otro lado, permanentemente, estaré entregando algunos de los comentarios y enlaces que mantengo con otros colegas, así como también se expondrá temas científicos de múltiple interés.

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Nombre: Rodolfo Novakovic
Lugar: Santiago, Región Metropolitana, Chile

lunes, agosto 08, 2005

El Enigma del Meteorito de Tunguska

CATASTROFE DE TUNGUSKA (1908) : ¿METEORITO O NAVE INTERPLANETARIA?

Si bien hasta el presente día continúan los debates referente a la gigantesca explosión sucedida en 1908 en el taigá de Tunguska, y el tema se ha prestado para múltiples especulaciones, un lector de mi Blog me ha escrito al correo solicitándome que incluya una descripción histórica de lo que los científicos rusos pensaban en los años 50 de este hecho, y sobre las investigaciones que ellos mismos hicieron.

Aunque el tema no se relacione directamente con la Roca VEAS-01, es interesante hacer notar el problema que surge cuando el objeto de estudio presenta características no clasificadas, como en el tema que nos compete. El presente informe que reproduzco se basa en un relato publicado por el astrónomo y escritor ruso Alexandr Kazantsev respecto a la reunión que celebró la Sociedad de Astronomía el 20 de febrero de 1948 en la ciudad de Moscú. En dicho encuentro se debatió si la llamada Catástrofe de Tunguska se trató de un Meteorito o de una Nave Interplanetaria.

NOTA: Lo que transcribo a continuación tiene sólo un carácter histórico, para cumplir con lo solicitado por el lector, y de ninguna manera debe entenderse como una validación directa de lo aquí vertido, ni de la confirmación o rechazo a teoría alguna, y menos un choque con los estudios y análisis que se realizan desde entonces en el Caso Tunguska.

El texto está traducido del ruso por Isabel Vicente, Ediciones en Lenguas Extranjeras. Moscú:

CIRCUNSTANCIAS DE LA CATASTROFE

En base a las declaraciones de más de un millar de testigos, los corresponsales de la estación sismológica de Irkutsk y del Observatorio de Irkutsk han determinado que en la madrugada del 30 de junio de 1908 cruzó por el firmamento un cuerpo ígneo (con carácter de bólido, dejando una huella semejante a la de un meteorito en su caída.

A las siete de la manana, hora local, apareció sobre la taigá cerca de la factoría Vanovar un globo deslumbrante que parecía brillar más que el Sol. Se convirtió en una columna ígnea que llegaba hasta el cielo límpido. Hasta entonces, nunca se había observado nada parecido en la caída de meteoritos. Tampoco ofreció ese aspecto la caída descrita años antes en el Extremo Oriente de un gigantesco meteorito que se pulverizó en el aire.

Después de los fenómenos luminosos se escuchó un golpe que retumbó repitiéndose como un trueno. El ruido se escuchó a una distancia de hasta 1.000 kilómetros del lugar de la catástrofe. Luego del ruido se presentó un huracán de gran envergadura que arrancó los tejados de las casas y derribó las vallas a centenares de kilómetros a la redonda. En las casas se observaron fenómenos típicos de terremotos. Las oscilaciones de la corteza terrestre fueron senaladas por muchas estaciones sismológicas, tales como Irkutsk, Tashkent y Jena (Alemania). En Irkutsk, cerca del lugar de la catástrofe, se registraron dos sacudidas. La segunda fue más débil y, según el director de la estación, se debió a la onda expansiva llegada a Irkutsk con retraso. La onda expansiva fue registrada también en Londres y recorrió dos veces el globo terrestre.

Durante los tres días siguientes a la catástrofe en el territorio de Europa y del Norte de Africa se observaron en el cielo a una altura de 86 kilómetros nubes luminosas que permitían sacar fotografías y leer el periódico de noche. El académico A. Polkánov, científico que por entonces se encontraba en Siberia, anotó en su diario: “El cielo está cubierto por una gruesa capa de nubes, llueve, pero al mismo tiempo, hay una extraordinaria luminosidad. Tanto que se puede leer con bastante facilidad al aire libre la letra menuda de un periódico. No debe haber luna, y las nubes están iluminadas por un resplandor amarillo verdoso que a veces se torna algo rosado”.

Al cabo de veinte años la expedición soviética de Kulik estuvo en el lugar de la catástrofe. Los resultados de los largos años de búsquedas de la expedición quedan expuestos con exactitud en su relato. Aunque sea la más usual, la hipótesis de que en el taigá de Tunguska cayó un meteorito grandioso no explica lo siguiente: 1.- La ausencia de todo vestigio del meteorito 2.- La ausencia de cráter y de embudos 3.- La existencia de un bosque alto en el centro de la catástrofe. 4.- La aparición de aguas subterráneas bajo presión después de la caída del supuesto meteorito. 5.- Un surtidor de agua que brotó en los primeros días de la catástrofe. 6.- Los accidentes ocurridos a los Evenkos que acudieron al lugar de la catástrofe en los primeros días.

Los científicos rusos pensaron que el cuadro anterior de la explosión acaecida en el taigá del Tunguska coincide enteramente con el cuadro de una explosión atómica. El bosque del centro permaneció en pie ya que la onda expansiva cayó sobre él desde arriba rompiendo las ramas y las cumbres. Las nubes luminosas fueron efectos de los residuos de supuestas sustancias radiactivas que ascendieron en el aire, y que los accidentes registrados en el taigá fueron quizá efectos de partículas radiactivas caídas sobre la tierra. La sublimación, la transformación en vapor, de todo cuerpo que ascendió a la atmósfera fue natural al darse una temperatura de explosión atómica, no dejando residuo alguno. Por último, el surtidor que brotó inmediatamente después de la catástrofe se debió probablemente a una grieta abierta por el golpe de la onda explosiva en la capa de congelación perpetua.

¿ES POSIBLE LA EXPLOSION DE UN METEORITO RADIACTIVO?

No, no es posible. En los meteoritos se encuentran las mismas sustancias que en la Tierra. La proporción de uranio contenida en los meteoritos es de sólo algunas partes por millón (ppm). Para que fuera posible la reacción en cadena de la fisión atómica se precisaría un meteorito de uranio de excepcional pureza que fuese, además, uranio-235, isótopo rarísimo que nunca se encuentra en estado puro. Aún admitiendo el caso inverosímil de un meteorito refinado de U-235, éste no podría subsistir debido a que estallaría inmediatemente después de su formación. En caso de suponer una explosión atómica, sería inevitable la suposición de que estalló una sustancia radiactiva obtenida artificialmente.

HISTORIA DE HIPÓTESIS

La hipótesis de una explosión atómica de una nave interplanetaria en el taigá de Tunguska en 1908 apareció por vez primera en el relato “La Explosión”, de A. Kazántsev (Vokrug Sveta num. 1, 1946). El 20 de febrero de 1948 este autor expuso esta hipótesis en la Reunión de la Sociedad de Astronimía de la URSS, celebrada en el Planetario de Moscú. El Planetario de Moscú divulgó esta hipótesis en una escenificación titulada “el Enigma del Meteorito de Tunguska”.

Famosos astrónomos, que publicaron una carta en el número 9 de la revista “Tejnika molodiozhi (1948)” defendieron en su tiempo el derecho de emitir la hipótesis de la explosión de una Nave Interplanetaria sobre la taigá de Tunguska. Entre los científicos que firmaron la carta estaban: A. Mijalov, miembro correspondiente de la Academia de Ciencias de la URSS; el profesor B. Vorontsov-Veliaminov, miembro correspondiente de la Academia de Ciencias Pedagógicas; el profesor K. Boiev, y el profesor M. Nabokov.

Mas tarde el profesor Mijalov modificó su versión de la catástrofe de Tunguska, considerando que el meteorito era en realidad un cometa; pero esta hipótesis no tuvo gran resonancia. Los especialistas en meteoritos de la época –el académico Fesenkov; Krinov, secretario científico del Comité de Meteoritos de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética; el profesor Staniukovich, Astapovich y otros- sostenían con empeño el punto de vista de que en la taigá de Tunguska había caído un meteorito de un millón de toneladas de peso y rechazaban de manera rotunda todos los demás puntos de vista, incluyendo la hipótesis de una nave interplanetaria.

El Meteorito de Tunguska entró frenando en la Atmósfera Terrestre

El problema del meteorito de Tunguska interesó a muchas personalidades. A. Monotskov, autor de buenos planeradores soviéticos, conocido aerodinámico y diseñador del grupo de Antonov, enfocó la cuestión de manera rigurosamente científica. Después de estudiar las declaraciones de un enorme número de testigos presenciales, corresponsales del Observatorio de Irkutsk, intentó determinar la velocidad del supuesto “meteorito” sobre diferentes zonas. Trazó un mapa con la trayectoria del vuelo, donde señaló el momento en que el “meteorito” había sido visto por los testigos presenciales en diferentes puntos de la trayectoria. El mapa de Monotskov condujo a la conclusión inesperada de que el meteorito había volado sobre la Tierra frenando. Monotskov calculó la velocidad a la que el meteorito se había hallado sobre el lugar de la explosión en el taigá de Tunguska y obtuvo 0.7 kilómetros por segundo (y no los 30-60 kms/s como se había creído hasta entonces). Esta velocidad se aproxima a la velocidad de vuelo de un avión a chorro moderno y constitutye un argumento de bastante importancia a favor a la idea de que el meteorito era, según Monotskov, un “aparato volante”, una nave interplanetaria. Si el meteorito hubiese caído con esta velocidad tan baja, partiendo de las deducciones de la aerodinámica, resulta que para producir los destrozos observados, su masa original debió haber sido de mil millones de toneladas con un kilómetro de diámetro.

Sin embargo, lo anterior no corresponde a las observaciones, pues el meteorito al volar no oscurecía el firmamento. Monotskov determina entonces que la energía que causó los destrozos debió ser más bien energía nuclear liberada al producirse la explosión atómica del combustible de la nave interplanetaria sin que ésta pegara en el suelo.

Transcurrieron los años, y aunque nadie volvió al lugar del impacto del supuesto meteorito, no cedió el interés por este fenómeno, quizá en virtud de las hipótesis cósmicas relacionadas con él. En 1957 los profesores Krinov y Staniukovich hicieron una publicación en “Komsomolskaia Pravda” que buscaba explicar el enigma de Tunguska. Dijeron que el meteorito realmente había existido pero que se había pulverizado en el aire, de modo que no dejó cráter. Como prueba de que el meteorito se había pulverizado en el aire se dijo que en los sótanos de la Academia de Ciencias habían sido hallados viejos envases con tierra traída en tiempos del lugar de la catástrofe de Tunguska. El análisis de estas muestras olvidadas había descubierto en el suelo partículas de polvo metálico del tamaño de fracciones de milímetro. El análisis químico reveló la existencia de hierro, de 7% de niquel y aproximadamente 0.7% de cobalto, además de esferas de magnetita del tamño de centésimas de milímetro, producto de la fusión del metal en el aire.

Para los que creen que hubo una explosión nuclear se propone analizar el terreno con contadores tipo Geiger, y determinar si la radiación produjo cambios en la madera de los árboles derribados y en el suelo al pasar por ellos, o si por ejemplo, el nitrógeno corriente se ha convertido en carbono pesado, el cual se desintegra lentamente. Entonces, si se comprueba que el número de fisiones de átomo por segundo rebasa la norma, quedará claro el carácter de la catástrofe de Tunguska.

Traducción del idioma ruso por ISABEL VICENTE. Ediciones en Lenguas Extrajeras. Moscú.